Si alguna vez habéis oído de labios de un escritor consagrado que son sus personajes los que escriben las historias, os diré que es ¡ABSOLUTAMENTE CIERTO!
Ahora que estoy esbozando mi cuarta novela (aunque debo reconocer que una de las tres ya escritas no puede considerarse más que un guión con pretensiones todavía por desarrollar) puedo corroborar que esa afirmación, frívola en apariencia, es terminantemente cierta. La magia de la creación literaria es precisamente ésa: dibujar varios personajes, una situación, un decorado; y dejar que éstos interactúen.
El escritor no es más que un mero mecanógrafo de las emociones que brotan de la semilla creativa que la pasión ha plantado en su corazón.
Doy fe.