miércoles, 16 de diciembre de 2009

LA MAGIA DE LA CREACIÓN LITERARIA

Si alguna vez habéis oído de labios de un escritor consagrado que son sus personajes los que escriben las historias, os diré que es ¡ABSOLUTAMENTE CIERTO!

Ahora que estoy esbozando mi cuarta novela (aunque debo reconocer que una de las tres ya escritas no puede considerarse más que un guión con pretensiones todavía por desarrollar) puedo corroborar que esa afirmación, frívola en apariencia, es terminantemente cierta. La magia de la creación literaria es precisamente ésa: dibujar varios personajes, una situación, un decorado; y dejar que éstos interactúen.

El escritor no es más que un mero mecanógrafo de las emociones que brotan de la semilla creativa que la pasión ha plantado en su corazón.

Doy fe.


Festival EÑE

No hace mucho, tuve la oportunidad de asistir a la primera edición del Festival Eñe de Madrid (¡preciosa iniciativa, sí señor!). Me pareció una maravillosa oportunidad para que los nuevos escritores tengamos acceso a las tripas del sector literario.

Allí coincidí con editores independientes (¡arduo recorrido el suyo en un mar de tiburones que está más revuelto que nunca!), nuevos escritores como yo, escritores consagrados como la maravillosa Esther Tusquets que, junto a su amiga Ana Mª Moix, protagonizó uno de los ratos más amenos de aquella tarde; por no mencionar al incalificable Álvaro Pombo (éste necesitaría otro post, y de los largos, para él solito)

Quizás, para los que estamos empezando (a mover nuestro talento en formato de libro), el mundo literario pueda parecer absolutamente hermético e inalcanzable; pero yo creo -y con el corazón en la mano lo digo- que no es así. Esto es como todo: si hay talento, ganas y dedicación; funciona. Sólo es cuestión de hacer lo adecuado, en el lugar idóneo y cuándo es oportuno (ahí está la complicación)

Como ya lo hicieron Ray Loriga o Rodrigo Fresán con sus sendos aterrizajes, mucho tiempo atrás. Ellos -en perfecta comunión con Ignacio Echevarría, allí en el EÑE- nos hicieron olvidar que las tripas rugían porque hacía mucho rato que se había pasado la hora adecuada para echarles de comer.

¡Qué bueno es estar vivo, pero vivo de verdad!